Edición 18 · 22 de mayo de 2026

Riesgo de transmisión de hantavirus y leptospirosis por contacto con roedores en ambientes urbanos

Análisis sobre hantavirus y leptospirosis asociadas a roedores, sus diferencias ecológicas y las medidas de prevención necesarias en ambientes urbanos y periurbanos.

Apertura del artículo sobre hantavirus y leptospirosis por contacto con roedores

Los roedores representan una amenaza significativa para la salud pública en entornos urbanos debido a su capacidad de transmitir diversas zoonosis. Entre las enfermedades más relevantes se encuentran el hantavirus y la leptospirosis, ambas con potencial de causar brotes en áreas urbanas y periurbanas. Para un control efectivo, es fundamental distinguir entre roedores sinantrópicos (comensales del hombre) y roedores silvestres, ya que cada grupo actúa como reservorio de patógenos diferentes y requiere estrategias de control específicas.

La expansión urbana hacia áreas naturales, las condiciones de saneamiento inadecuadas y la creciente interfase entre ambientes urbanos y naturales crean escenarios cada vez más propicios para la transmisión de estos patógenos a las poblaciones humanas.

“LA EXPANSIÓN URBANA HACIA ÁREAS NATURALES, LAS CONDICIONES DE SANEAMIENTO INADECUADAS Y LA CRECIENTE INTERFASE ENTRE AMBIENTES URBANOS Y NATURALES CREAN ESCENARIOS CADA VEZ MÁS PROPICIOS PARA LA TRANSMISIÓN DE ESTOS PATÓGENOS.”

Argentina atraviesa actualmente una de las temporadas más críticas de hantavirus de los últimos años. Según el último Boletín Epidemiológico Nacional (Nro. 791; SE 1; 2026), durante 2025 se confirmaron 86 casos con 28 fallecidos, registrando una letalidad del 33,6%, muy superior a temporadas anteriores (período 2019 al 2024), donde la letalidad oscilaba, con variaciones regionales, entre 10% y 32%.

La región Centro (Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos) se encuentra en umbral de brote, concentrando 22 casos confirmados en la temporada 2025/2026 y representando el 70% de los casos nacionales. La provincia de Buenos Aires es el epicentro del brote actual, con 35 casos confirmados durante 2025 y una letalidad del 34,3% (12 fallecidos). La ciudad de La Plata registró la mayor concentración con 11 casos confirmados. Las zonas de mayor concentración incluyen La Plata y Berisso, el Delta e Islas del Paraná, los humedales de Samborombón y áreas periurbanas.

Esta situación resalta la urgencia de comprender correctamente los mecanismos de transmisión y los reservorios reales de esta enfermedad, ya que la confusión entre roedores sinantrópicos y silvestres puede llevar a estrategias de prevención y control inadecuadas.

“EN EL CONTINENTE AMERICANO, TODOS LOS HANTAVIRUS QUE PRODUCEN SPH ESTÁN ASOCIADOS A ROEDORES SILVESTRES NATIVOS.”

Hantavirus en ambientes urbanos

Los hantavirus son virus ARN y causan dos enfermedades en humanos transmitidas por roedores: el síndrome pulmonar por hantavirus (SPH) y la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR). Cada especie de hantavirus tiene una especie de roedor como huésped intermediario y su transmisión varía significativamente entre continentes. En Europa y Asia, algunos hantavirus como el virus Seoul están asociados a Rattus norvegicus (rata parda) y Rattus rattus (rata negra), que son especies sinantrópicas típicamente urbanas y pueden causar FHSR, pero en América Latina no es el hantavirus predominante y tampoco se han registrado casos en humanos.

En el continente americano, todos los hantavirus que producen SPH están asociados a roedores silvestres nativos, los cuales no son sinantrópicos, aunque pueden acercarse a áreas periurbanas cuando sus hábitats naturales son perturbados por la expansión urbana. En nuestro país, los roedores del género Oligoryzomys, denominados comúnmente “colilargos”, son los reservorios comúnmente asociados a la enfermedad.

Sus características distintivas son la cola (entre 11-15 cm) más larga que el resto del cuerpo (entre 8-12 cm), orejas redondeadas y el pelaje color ocre con matices rojizos. Son granívoros-herbívoros y de hábitos nocturnos. Se sabe que el hantavirus se transmite de roedores a humanos; sin embargo, algunos informes de Argentina y Chile han señalado que la cepa Andes del hantavirus puede causar transmisión de la enfermedad entre humanos, como se documentó como parte del brote de 1996 en El Bolsón y Epuyén, en el sur de Argentina.

“LA CONFUSIÓN ENTRE ROEDORES SINANTRÓPICOS Y SILVESTRES PUEDE LLEVAR A ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN Y CONTROL INADECUADAS.”

Transmisión y factores de riesgo

La transmisión del hantavirus ocurre principalmente por inhalación de partículas virales aerosolizadas presentes en orina, heces y saliva de roedores infectados. En América Latina, esto sucede cuando roedores silvestres ingresan a espacios cerrados o mal ventilados como viviendas periurbanas, galpones o depósitos rurales en zonas de transición urbano-rural. A diferencia de las ratas comensales que habitan permanentemente en edificaciones urbanas, los roedores silvestres son visitantes ocasionales atraídos por la disponibilidad de alimento.

Aunque con menor frecuencia, la transmisión también puede ocurrir por mordeduras o contacto directo con roedores infectados o sus excretas, particularmente cuando existen lesiones en la piel. El principal factor que incrementa el riesgo de contagio es la expansión urbana hacia áreas naturales, dado que aumenta la probabilidad del contacto entre humanos y roedores silvestres. Este riesgo se amplifica por viviendas con deficiencias estructurales que facilitan el ingreso de roedores y por áreas con vegetación densa que proporcionan hábitat adecuado para estas especies. Las ocupaciones con mayor nivel de exposición incluyen trabajadores agrícolas y forestales, personal de limpieza y recolección de residuos en áreas periurbanas y controladores de plagas.

“EL PRINCIPAL FACTOR QUE INCREMENTA EL RIESGO DE CONTAGIO ES LA EXPANSIÓN URBANA HACIA ÁREAS NATURALES.”

Manifestaciones clínicas

En el brote actual de SPH en Argentina, se ha observado una letalidad excepcionalmente alta del 33,6%, con diferencias por grupos etarios. Los síntomas más frecuentes reportados incluyen fiebre mayor a 38,5 °C (95% de los casos), mialgias (71%), cefalea (57%), vómitos (52%) y artralgia (48%). La gravedad del cuadro se relaciona frecuentemente con el diagnóstico tardío, por lo que las autoridades sanitarias enfatizan la importancia de la consulta temprana ante síntomas compatibles y antecedente de exposición a zonas de riesgo.

Leptospirosis y hantavirus: dos zoonosis, dos ecologías

La diferencia fundamental entre ambas zoonosis es que la leptospirosis es una enfermedad urbana transmitida por roedores sinantrópicos (ratas comensales), mientras que el hantavirus, como mencioné previamente, es periurbano-rural, transmitido por roedores silvestres nativos.

Los roedores sinantrópicos urbanos, especialmente Rattus norvegicus, eliminan la bacteria (Leptospira interrogans) en su orina, contaminando agua y suelo. La transmisión ocurre por contacto con agua o suelo contaminados, ingresando por lesiones cutáneas o mucosas. La enfermedad está claramente asociada a ambientes urbanos con infraestructura sanitaria deficiente. Las inundaciones urbanas son el principal factor de riesgo al dispersar las bacterias y aumentar la exposición humana.

La leptospirosis presenta una forma leve (90% de los casos) que se caracteriza por un cuadro febril, mientras que la forma severa o enfermedad de Weil (5-10%) manifiesta ictericia, insuficiencia renal y hemorragias, con mortalidad del 10-15%. Existen diferencias clave en la ecología de los roedores reservorios entre ambas zoonosis. En el caso de la leptospirosis, las especies de roedores sinantrópicos como la rata parda (R. norvegicus), la rata negra (R. rattus) y el ratón doméstico (Mus musculus) habitan permanentemente en ambientes urbanos, ya que dependen casi exclusivamente del hombre para su supervivencia.

“LA LEPTOSPIROSIS ES UNA ENFERMEDAD URBANA TRANSMITIDA POR ROEDORES SINANTRÓPICOS, MIENTRAS QUE EL HANTAVIRUS ES PERIURBANO-RURAL, TRANSMITIDO POR ROEDORES SILVESTRES NATIVOS.”

Los principales factores ambientales que favorecen su proliferación son la presencia de residuos orgánicos, agua estancada y estructuras deterioradas. En contraste, los roedores silvestres reservorios de hantavirus, como los colilargos (Oligoryzomys spp.) y otros cricétidos nativos, habitan en ambientes naturales con incursiones ocasionales a áreas periurbanas. Su proliferación depende de la disponibilidad de vegetación, semillas e insectos como recursos alimenticios, mientras que la perturbación de sus hábitats naturales por expansión urbana incrementa la interacción con las poblaciones humanas y, consecuentemente, el riesgo de transmisión.

Dadas estas diferencias ecológicas, cada zoonosis requiere estrategias de prevención específicas. Para la leptospirosis, el control se basa en: 1) manejo integrado de roedores urbanos, 2) mejoras en sistemas de drenaje y alcantarillado, 3) gestión adecuada de residuos sólidos, 4) medidas de protección durante inundaciones y 5) educación sobre riesgos asociados al contacto con agua contaminada. En contraste, la prevención del hantavirus se enfoca en: 1) control ambiental en zonas periurbanas, 2) mantenimiento de áreas de amortiguamiento entre zonas urbanas y hábitats naturales, 3) sellado hermético de estructuras en áreas periurbanas, 4) educación sobre identificación y riesgos de roedores silvestres y 5) protocolos de limpieza segura en galpones y depósitos rurales.

Desafíos en el contexto urbano actual

El cambio climático está modificando los patrones de transmisión de estas zoonosis de manera diferenciada. Por un lado, el incremento en la frecuencia e intensidad de las inundaciones urbanas aumenta exponencialmente el riesgo de leptospirosis, mientras que las temperaturas más cálidas extienden los períodos de supervivencia ambiental de las leptospiras en agua y suelo. Por otro lado, los cambios climáticos alteran la ecología de los roedores silvestres, modificando sus ciclos poblacionales y áreas de distribución, lo que incrementa el contacto con poblaciones humanas en zonas periurbanas y el consecuente riesgo de transmisión de hantavirus.

Simultáneamente, el crecimiento urbano no planificado agrava ambos problemas: genera asentamientos precarios donde proliferan los roedores sinantrópicos (aumentando el riesgo de leptospirosis) y expande la interfase urbano-rural, intensificando el contacto con fauna silvestre reservorio de hantavirus. Estas enfermedades afectan desproporcionadamente a las poblaciones más vulnerables y de escasos recursos, evidenciando una problemática de inequidad sanitaria.

El abordaje efectivo de estas zoonosis requiere una integración transdisciplinaria que articule salud humana, salud animal (incluyendo ecología de fauna silvestre), gestión ambiental, urbanismo y desarrollo social. El contexto actual de cambio climático y urbanización acelerada plantea desafíos crecientes que demandan estrategias innovadoras y sostenibles basadas en el enfoque de Una Salud, el cual reconoce las diferentes ecologías de roedores y sus patógenos como punto de partida para intervenciones específicas.

En este marco, la investigación continua sobre la ecología de roedores sinantrópicos y silvestres, la dinámica de transmisión y la efectividad de intervenciones diferenciadas resulta fundamental para desarrollar políticas de salud pública basadas en evidencia. La reducción del riesgo de transmisión de estas zoonosis constituye un componente esencial para la construcción de entornos urbanos saludables, resilientes y equitativos, especialmente para proteger a las poblaciones más vulnerables.