Año récord de dengue en las Américas: desafíos que enfrentar
Nota técnica de la edición 16 sobre año récord de dengue en las Américas: desafíos que enfrentar, con enfoque en diagnóstico, prevención y criterios aplicables al manejo profesional de plagas.
De acuerdo con el último informe de la situación epidemi ológica del dengue en las Américas, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), hasta la semana epidemiológica 22 del 2024, es decir al 22 de junio, se reportaron un total de 9´541,015 casos sospechosos de dengue, lo que representa un incremento de 230% en comparación al mismo periodo del 2023 y 421% con respecto al promedio de los últimos 5 años. Esto podría explicarse en atención a que la OPS considera el cambio climático como la mayor amenaza para la salud mundial del siglo XXI e incluye al dengue como uno de los impactos indirectos de las llamadas enfermedades sensibles al clima. Para abundar en el tema es necesario señalar que la transmisión de dengue suele ser estacional, es decir el número de casos tiende a aumentar en el verano o la estación lluviosa y a disminuir en el invierno o la estación seca. Pero el aumento de la temperatura global significa que las temporadas de dengue se vienen alargando, en consecuencia, hay una mayor transmisión. Ese mismo aumento de temperatura ha generado que regiones que alguna vez estuvieron fuera del alcance de Aedes aegypti porque antes eran demasiado frías ahora estén infestadas, lo que significa que el calentamiento global está afectando la distribución del vector y por tanto la posible distribución de los casos. Adicionalmente a ello el vector se está adaptando a condiciones que anteriormente le eran adversas con registros de su presencia en aguas con alto contenido orgánico y a altitudes por encima de los 2,600 msnm, ambas condiciones impensadas hasta hace algunos años. También hay determinantes sociales especialmente vinculados a una infraestructura de saneamiento inadecuada, mal planificada, que no logra seguir el ritmo del crecimiento de las ciudades, movimientos migratorios internos, entre otros. Y por supuesto determi nantes políticos como la inestabilidad política de algunos países de la región, la falta de capacidad técnica para definir y ejecutar políticas de salud pública vinculadas a la prevención y control de enfermedades transmitidas por vectores y como no decirlo la corrupción. En cuanto a los desafíos que se deben enfrentar comencemos por decir que en cuanto al control de vectores hay que considerar la capacidad que ha demostrado Aedes aegypti para desarrollar resistencia. En ese contexto se deben buscar alternativas de fácil aplicación, comprobada eficacia y aceptación comunitaria. Por ejemplo, luego del uso de Temefos como larvicida y considerando los problemas operativos y el rechazo de la comunidad del piriproxifen (por su difícil dosificación, residualidad por forma de aplicación y forma de acción IGR) surge como alternativa NATULAR DT (Spinosad) tableta unidosis, larvicida, de larga duración- más de 60 días). Para aplicaciones espaciales siendo el vector resistente a piretroides y organofosforados se ha desarrollado el primer Neonicotinoide (Imidacloprid) de uso en salud pública precalificado por OMS con nombre comercial CIELO, empleado con éxito en diversos países como México, Brasil, Ecuador, Paraguay entre otros. Y desde el 2019 se propone de manera complementaria el uso de insecticidas residuales con el método TIRS. Allí también es necesario identificar productos que sean efectivos y seguros desde la perspectiva toxicológica. Así mismo un enfoque experimental interesante es la liberación de mosquitos Aedes aegypti infectados con la bacteria Wolbachia presentando una capacidad reducida para transmitir virus a los humanos. La reproducción de estos mosquitos infectados con la población de mosquitos silvestres finalmente reduce la cantidad de mosquitos que son vectores eficientes. Otra estrategia experimental notable consiste en liberar miles de millones de mosquitos macho estériles para que se apareen con las hembras en la naturaleza a partir de la técnica de insectos estériles (TIE). Si bien ambas estrategias han funcionado a nivel experimental podrían en el futuro ser implementadas con éxito a nivel masivo. En otro enfoque el desarrollo de la vacuna contra el dengue ha demostrado también ser un desafío debido a la existencia de cuatro serotipos de virus. Las vacunas contra el dengue deben ser tetravalentes y deben inducir una respuesta inmune equilibrada para que los niveles de anticuerpos contra cada uno de los serotipos sean suficientemente altos. Esto es para evitar un fenómeno llamado mejora dependiente de anticuerpos. Esta estrategia tiene algunas limitaciones como estar contraindicadas para algunos grupos como el uso de vacunas vivas atenuadas en mujeres embarazadas o pacientes inmunodeficientes. Así mismo la necesidad de una cadena de frío dificulta el transporte de vacunas a poblaciones de regiones tropicales rurales remotas y la renuencia a vacunarse puede dar lugar a una cobertura vacunal subóptima. Por último, existe la alternativa de desarrollar antivirales que actúen directamente sobre dianas virales, también conocidos como antivirales de acción directa. Una ventaja importante del uso de antivirales orales es su posible implementación como profilaxis antiviral para el control de brotes, de acción más rápida que las vacunas y de más fácil distribución sin cadena de frío. Hay equipos de investigación desarrollando antivirales que abarquen varios virus, esperemos prontos resultados. En resumen, los desafíos para enfrentar el control del dengue son el más claro ejemplo de la necesidad de un trabajo integral, interdisciplinario e intersectorial.